Ladrillo a ladrillo y bolsa de cemento a bolsa de cemento. Los habitantes amplían, techan y pintan con premura sus nuevas viviendas. Con la misma rapidez también se construyen las polémicas en las calles de Lomas de Tafí, el megabarrio emplazado en Los Pocitos cuyas 5.000 casas estarán completamente terminadas y ocupadas entre marzo y abril. Alimentada por las expectativas y las quejas por algunas falencias, cada novedad relacionada con el emprendimiento rueda sin pausa entre las familias. La intimación de la Municipalidad de Tafí Viejo a un grupo de adjudicatarios (sectores VI y VII) para que derriben las ampliaciones con fines comerciales que edificaron sin autorización no fue la excepción. La postura de los vecinos consultados por LA GACETA fue prácticamente unánime: celebran que se hagan respetar las normas, pero advierten que es necesario que existan comercios pequeños porque los supermercados más próximos quedan lejos. Además, reclaman que se acelere la instalación de los negocios proyectados.
Necesidad vs. reglas
"Comparto que exijan que se cumplan las reglas, porque ya todos las sabíamos", opinó Karina (de 41 años), que vive en el sector XII. Es niñera y ayer, mientras jugaba con el nene que cuida, expresó que entiende la necesidad de trabajar de quienes hicieron reformas, pero consideró que deberían haber consultado antes de emprenderlas. "Tiene que haber comercios pequeños en el barrio, siempre y cuando tengan autorización. Todo nos queda lejos y es una necesidad", aseguró. La mujer y otros vecinos -que opinaron sin dar sus apellidos para no tener conflictos con sus pares- estimaron que para ir a los supermercados más cercanos demoran, como mínimo, una hora entre esperar el ómnibus o ir y volver en auto o moto.
De hecho, es usual ver a los habitantes bajar del colectivo o de un taxi cargados de bolsas de algún autoservicio. Es el caso de Verónica (31), una habitante del sector IX que está convencida de que el municipio actuó como debía: "venimos cargados desde el súper y sería bueno que haya más locales, pero hay gente que se abusó y eso no debe ser así. Deberían dejarlos trabajar, pero con control".
Dominga (52) caminaba apurada con una bolsita colgada en el brazo para llegar a una despensa. Vive en el área X y tuvo que caminar 20 cuadras hasta encontrar el ingrediente que le faltaba para preparar la comida. "Dijeron que pondrían supermercados y no hay. Me parece mal que no dejen abrir a los comercios, porque todos necesitamos trabajar", repudió. Según afirmó, como debe cuidar a un familiar enfermo, no puede viajar hasta los supermercados y por eso tiene que peregrinar por los pequeños comercios del barrio hasta encontrar lo que necesita.
Eliana (30) tiene tres hijos pequeños y afirmó que los comercios del barrio "sacan de apuro". "A la casa la paga cada uno y es dueño de hacer lo que quiera. Además, no hay más alternativa por aquí", fustigó.
Parados en una esquina, Miguel (40) y Antonia (38) esperaban el colectivo para trasladarse hasta el centro. Destacaron que se debe acelerar la construcción de locales comerciales, pero consideraron que la demora no justifica la apertura irregular de negocios. "Firmamos un contrato y debemos respetarlo", afirmó tajante él. Mientras que ella pidió coherencia a los adjudicatarios: "sabemos lo que estamos comprando y hay que respetar los límites si queremos una mini ciudad equilibrada. Como comunidad, necesitamos los comercios para salir de apuros pero no deben abrirse de esta manera". Ambos coincidieron en que como se trata de un emprendimiento planificado, las autoridades deberían haber previsto la instalación de algunos comercios tras la entrega de los primeros sectores. Propusieron que se autorice a algún autoservicio de manera provisoria en el sitio destinado a ese fin para paliar la situación.
"Lo que es justo, es justo". La frase de Claudia (45), vecina del sector X, dejó en claro su pensamiento respecto de las irregularidades. Está en contra de que algunos infrinjan las normas establecidas, dado que, según consideró con un poco de paciencia y ajustándose a los requerimientos, los comerciantes podrían haber adquirido los permisos. "Es cierto que algunos sólo ocupan la propiedad de negocio y esos abusos no están bien. Pero también hay quienes viven allí y por necesidad abrieron una despensa. Son casos y casos", diferenció.
"El gran problema es que aquí se dieron casas a gente que no la necesitaba. Cada uno hace lo que quiere, es un carnaval", sentenció Mónica (37), habitante de Lomas 600. "En esa esquina hay un corralón y no vive nadie. En aquella casa no hay habitantes. Y aquella de más allá está en alquiler. Me da bronca", describió indignada mientras señalaba algunas viviendas cercanas a su domicilio. "A las normas hay que respetarlas, para respetar al vecino", concluyó, y resumió el criterio de la mayoría de los habitantes.